La actual calle Ferrocarril, situada en paralelo al Paseo de la Estación, tiene su origen en el proceso de expansión urbana iniciado a mediados del siglo XX. Concretamente, su configuración como vía urbana se remonta al año 1950, cuando la ciudad comenzó a desarrollar de forma más intensa su ensanche septentrional, dando lugar a nuevas calles y espacios destinados a uso residencial y de servicios.
Un paraje conocido como el Olivar de la Estación
Antes de la apertura y urbanización de la calle Ferrocarril, estos terrenos eran conocidos como el Olivar de la Estación. La denominación hacía referencia directa al uso agrícola que caracterizaba a esta zona, donde predominaban los cultivos de olivos. Se trataba de un paisaje habitual en las áreas periféricas de la ciudad, todavía marcadas por una fuerte presencia rural y por la coexistencia de espacios agrícolas junto a los primeros núcleos urbanos.
El Olivar de la Estación formaba parte del ensanche norte, un área que, hasta mediados del siglo pasado, permanecía al margen del casco urbano consolidado. La proximidad a la estación ferroviaria influyó de manera decisiva en la futura transformación de estos terrenos, que pasaron de un uso agrícola a integrarse progresivamente en la trama urbana.
El crecimiento urbano y la desaparición de los olivares
Con el avance del crecimiento urbano, los olivares que daban nombre al paraje fueron desapareciendo. La necesidad de nuevas vías de comunicación y de suelo urbanizable impulsó la transformación de este espacio, que dejó atrás su carácter agrícola para adaptarse a las nuevas demandas de la ciudad.
La apertura de la calle Ferrocarril supuso un paso más en este proceso de cambio. Su trazado, paralelo al Paseo de la Estación, contribuyó a ordenar el desarrollo de la zona y a facilitar la conexión con otros puntos del entorno urbano. Este tipo de actuaciones fueron habituales durante la segunda mitad del siglo XX, cuando la ciudad experimentó un notable crecimiento y una reorganización de sus espacios periféricos.
De espacio rural a eje urbano
La evolución del Olivar de la Estación hasta convertirse en una calle plenamente integrada en la ciudad es un ejemplo representativo de cómo el desarrollo urbano fue modificando el paisaje tradicional. Donde antes se extendían campos de olivos, hoy se encuentra una vía urbana que forma parte del entramado cotidiano de la ciudad.
Este cambio no solo implicó una transformación física del territorio, sino también un cambio en los usos y en la forma de vida del entorno. La desaparición de los cultivos agrícolas dio paso a nuevas construcciones y a una mayor densidad urbana, consolidando el ensanche norte como una zona integrada en el conjunto de la ciudad.
La memoria del Olivar de la Estación
Aunque los olivos que dieron nombre al paraje ya no existen, la denominación Olivar de la Estación permanece como un recuerdo del pasado rural de la zona. Este tipo de topónimos permiten reconstruir la historia urbana y comprender cómo ha evolucionado la ciudad a lo largo del tiempo, desde un modelo más vinculado a la agricultura hasta el actual entramado urbano.
La calle Ferrocarril es hoy un reflejo de ese proceso de transformación, en el que el crecimiento urbano fue desplazando progresivamente los antiguos usos del suelo, dejando atrás paisajes agrícolas que forman parte de la memoria histórica local.




