En enero de 1962, una sucesión de lluvias persistentes e intensas provocó graves daños en distintas regiones del centro peninsular, con desbordamientos generalizados de ríos y arroyos. En el entorno de Talavera de la Reina, las consecuencias fueron especialmente visibles y afectaron tanto a las comunicaciones como a las zonas agrícolas próximas a la ciudad.
El Alberche desborda e invade las principales vías de acceso
El río Alberche registró una crecida significativa que llevó a sus aguas a invadir la carretera de Madrid, anegando también las tierras colindantes en las inmediaciones del núcleo urbano. Esta situación obligó a interrumpir parcialmente la circulación, dificultando los desplazamientos y el transporte en uno de los principales accesos a la ciudad.
Asimismo, la nueva carretera de San Román de los Montes quedó interceptada por las aguas, lo que incrementó los problemas de comunicación y el aislamiento temporal de varias zonas del entorno rural.
El Tajo ofrece una imagen imponente a su paso por Talavera
Paralelamente, el río Tajo experimentó una crecida de gran envergadura, ofreciendo un aspecto especialmente impresionante a su paso por Talavera. El elevado caudal alcanzó niveles poco habituales, ocupando amplias zonas próximas al cauce y generando una imagen que quedó grabada en la memoria colectiva de la ciudad.
Un episodio que evidenció la fragilidad de las infraestructuras
Estos sucesos de 1962 se produjeron en un contexto de fenómenos meteorológicos adversos continuados, que pusieron de manifiesto las limitaciones de las infraestructuras frente a avenidas extraordinarias. La combinación de lluvias persistentes y la respuesta natural de los ríos Alberche y Tajo condicionó durante varios días la actividad cotidiana en Talavera y su entorno, convirtiéndose en uno de los episodios hidrológicos más destacados de aquella década.




