El hijo que estaba exhausto

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Un breve relato que te sumergirá en una concisa historia muy curiosa by Carlos Peinado.

La imagen era dantesca. Cuando los padres llegaron con los bomberos, su hijo estaba allí, mirando a través de la ventana abierta, con la luz apagada y la televisión encendida con el volumen muy bajo. Una mirada glauca en sus ojos y una palidez casi sobrenatural en sus rasgos. Por fortuna, seguía vivo, aunque muy débil, y le llevaron rápidamente al hospital mientras la policía investigaba ese extraño caso.

La pareja no daba crédito: su hijo era un tipo amable, sano, guapo, con un buen trabajo, amigos, un chalecito con vistas al Tajo… y, por lo visto, llevaba tres días sin ir a su trabajo, sin usar su teléfono y, cuando al final, muertos de miedo, habían forzado la puerta e irrumpido en su casa, le habían hallado así, un fantasma de sí mismo. El matrimonio se abrazó entre llantos mientras esperaban que alguien, ya fuesen los médicos que luchaban por la vida de su hijo, o los policías que estaban investigando en su casa, aclarasen ese extraño suceso.

Los primeros en dar noticias fueron los médicos

Los primeros en dar noticias fueron los médicos, que les informaron que su hijo estaba fuera de peligro, pero que tenía una gran anemia: había perdido casi toda su sangre y sólo decía incoherencias. Entonces apareció el inspector de policía. Por su cara, se dieron cuenta de que traía graves noticias. Su preocupación era evidente.

No había un solo agente en toda Talavera que hubiera podido presentar otra hipótesis, según les explicó el inspector. La puerta estaba cerrada, con la llave por dentro, y la ventana estaba a muchos metros del suelo. Si era verdad que alguien había entrado, tendría que ser como poco un escalador y alguien le habría visto. Además, su hijo había sido un hombre fuerte y atlético, pero su cuerpo no mostraba signos de violencia: no había podido defenderse mientras era atacado. Desde luego era un misterio.

Un médico que conocía al joven se unió a la discusión y afirmó que hacía tres días, estaba en plena forma. Además, su cuerpo no tenía heridas ni hematomas, sólo presentaba pequeñas hendiduras cerca de las venas, como hechas por alfileres, que habían cauterizado, evitando que la sangre saliese o siquiera manchase la piel hinchada tras esas incisiones.

– Perdone – inquirió el padre, que no daba crédito a lo que estaba oyendo. –¿Está diciendo que a mi hijo le atacaron para sacarle la sangre?

El policía, lo más serio que pudo, le dijo que, aunque su mente les indicase que era imposible, la experiencia le había enseñado que la hipótesis que explicaba todo solía ser la acertada.

–Vamos– sentenció el inspector –Que, aunque nos parezca una locura, todo apunta a que ha sufrido un ataque de alguien que le ha extraído toda la sangre, como un vampiro… o alguien haciéndose pasar por uno.

Vampiros en Talavera…

La madre se desmayó, el padre abrió la boca hasta casi dislocársela y un cotilla que andaba por allí se encargó de difundir la noticia como si fuese pólvora “¡vampiros en Talavera, vamos, ya lo que nos faltaba!” empezaron a gritar los pacientes y familiares que atestaban urgencias.

Los padres entraron a ver a su hijo, mientras la policía intentaba frenar a la población, que ya estaban pidiendo a gritos que todos se armasen con estacas, crucifijos y agua bendita. Dentro del hospital, y con una bolsa de plasma, el joven, que empezaba a recuperarse, seguía con su extraño delirio, aunque nadie le prestara atención.

– La… ventana…. Cierra… la ventana… ¿no los veis?… es… una nube… de mosquitos.

El hijo que estaba exhausto
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Profesor en el colegio PVIPS Adalid Meneses en Talavera de la Reina, Miembro de la Asociación de Escritores Insomnes y guionista de Cómic.