El agresor sexual

La agresión sexual constituye un complejo problema de índole biopsicosocial, en donde los distintos factores se entremezclan en orden de importancia variable, no existiendo hoy día, una hipótesis única para explicar ni el origen ni los mecanismos de acción precisos que subyacen en esta forma de comportamiento humano. Además coexisten otros términos que se implican al hablar de este tema; elementos tales como violencia, agresividad, delincuencia, criminalidad, sexualidad, que suelen estar presentes junto a los juicios de valor sobreañadidos, que en muchas ocasiones no hacen sino complicar aún más la cuestión.

Agresividad, etimológicamente procede del latín “agredior”: ir contra otro, acometer. El concepto no obstante es amplio e implica diversas formas de agresividad. Existen básicamente dos formas de agresividad: la manifiesta y la forma latente. La primera podemos considerarla como cualquier forma de agresividad abierta de pensamiento, palabra u obra (incluiríamos la agresividad física y psicológica). La agresividad latente se manifiesta en personas con fuertes pulsiones agresivas que se expresarían abiertamente como formas contrarias e incluso bajo formas constructivas, tal es la situación detectada en algunos líderes “humanitarios” o en profesionales.

  • Violador por desplazamiento de la agresión. Este término se refiere a que la víctima no juega un papel directo en la agresión, es una persona desconocida para el agresor y su resistencia puede originar conductas muy violentas. La violación tiene el sentido de humillar a la víctima, empleando violencia gratuita y sin que exista excitación sexual inicial.
  • El violador compensatorio. La agresión suele suceder a estímulos ambientales activadores. La motivación básica que subyace en el comportamiento es el de demostrar a la víctima su competencia sexual en un intento de compensar su déficit (falta de adecuación sexual normalizada). Suelen ser personalidades con rasgos de pasividad, sumisión, timidez, autoconcepto bajo y disminución de habilidades sociales, aunque con buena o aceptable adaptación sociolaboral.
  • Violador sexual agresivo. Estos sujetos tienen asociada la activación sexual con la violencia, lo que provoca en ellos una gran excitación sexual. Aquí el sexo y la violencia caminan juntos de modo que estos sujetos suelen lesionar e incluso matar a sus víctimas, empleando conductas especialmente sádicas.
  • Violador impulsivo. Estamos ante el caso del “violador oportunista”, ya que no suelen destacar por su sexualidad o violencia y aprovechan una oportunidad determinada, por lo que suelen cometer la violación en el transcurso de otro hecho delictivo como en el caso de un robo.

El fundamento de estas técnicas es que “la escena del crimen” refleja la personalidad y el modus operandi del agresor; además supone que la forma de llevar a cabo la acción es siempre muy similar. Para preparar un perfil de un violador se consideran tres etapas básicas: En primer lugar, determinar a través de la víctima qué conducta exhibió el violador. A continuación, se trata de analizar esa conducta en un intento de averiguar la motivación subyacente al asalto. Finalmente se exponen las características del individuo que podría cometer el crimen de manera que explique el factor motivacional indicado por la conducta.

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Por Roberto Aguado. Psicólogo especialista en Psicología Clínica. Presidente del Instituto Europeo de Psicoterapias de Tiempo Limitado.

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