Cuando el conflicto en la relación se mantiene

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Me dijeron que fuera obediente y siempre me querrían… o “Cuando ya he hecho todo lo que tenía que hacer y el conflicto en la relación se mantiene”

Es frecuente recordar, o todavía escuchar, la indicación familiar (progenitores o tutores al menor): “Si no te portas bien, nadie te va a querer, y te vas a quedar sola/o”. Esto es: “Si no haces lo que quiero…”aunque se refiera a hábitos saludables, “desaprobaré tu conducta y sufrirás el mismo rechazo, humillación y aislamiento por parte de los demás de forma indefinida”. La interiorización durante el periodo de educación infanto-juvenil de normas, relativas a la elevada probabilidad (o lo fácil que resultaría) una situación de aislamiento y soledad por desprecio de los demás ante conductas independientes, de iniciativa personal o coherentes con nuestras creencias, es elevada debido a la relación directa con la supervivencia (física y social) y por ende al agudo malestar anímico asociado a su incumplimiento. Pero… y qué ocurre cuando se ha hecho lo posible (directamente requerido y/o anticipado en la relación con iguales, pareja o trabajo) para evitar el rechazo, y no es suficiente. Es bastante probable que haya una costumbre arraigada en ese tipo de relación que exija cada vez más de nosotros una respuesta complaciente y sofisticada, o en el otro extremo, una desproporción complicada entre todo el “buen hacer” invertido y la expectativa de recompensa (esperar más de lo que objetivamente pueden ofrecer los demás). Sería ideal el cambio. En muchas ocasiones requiere de un orientador en la pareja-grupo o asistencia profesional que puede resultar difícil de admitir cuando hay prejuicios y creencias erróneas del cónyuge: “yo no tengo ningún problema”, “eso es sólo para los locos y débiles”, “esto sólo lo puede resolver tu cambio de actitud (unilateral)”, etc. Cuando en realidad, ir al psicólogo significa un acto de responsabilidad en la pareja y acción orientada a la solución de un problema, más importante que los costes percibidos que supone el mantenimiento del malestar. En ocasiones, tan sólo una observación ajena desde un punto de vista objetivo e imparcial permite poner en marcha decisiones e iniciativas en la pareja que conducen de nuevo al bienestar inicial con unos nuevos hábitos autosostenibles. Habría que explicar, sin exigencias ni culpabilizaciones, que nos gustaría que participe en la consulta, para debatir un consejo bienintencionado para la convivencia en pareja, porque le vemos que lo pasa mal, que sufre y que tiene que recibir asesoramiento y orientación en la toma de decisiones, con ejemplos que tenemos de lo mal que lo pasa: “lloras, tienes crisis de ansiedad, no obtienes los resultados (académicos, profesionales, etc.) que deseas, estás triste, tienes discusiones frecuentes con vecinos, familiares, servicios públicos, etc.” Transmitir la idea que estamos preocupados por él/ella y querer colaborar a que se sienta bien, implica que ya estamos en disposición de observar y cambiar nuestra propia parte de responsabilidad, de aceptar y superar la visión del problema como una cuestión de paciencia (error), o de dilatar la tolerancia esperando a que algo cambie o algo pase. La mayoría de las personas que consultan al psicólogo lo hacen porque no se sienten bien, están deprimidos y/o ansiosos, o se sienten impotentes o indefensos, por baja autoestima, o por impacto emocional: el fallecimiento de un ser querido, una separación no deseada, una pérdida laboral, un problema de salud, una dificultad en los estudios, en el trabajo, o con los amigos, que creen no saber manejar. Son personas normales, que han aprendido a sentirse mal (pesimismo o negativismo), y pueden cambiar sus pensamientos y hábitos para sentirse mejor y de forma estable.

Por Jose Antonio Gonzalez Porras. Psicólogo Especialista en Psicoterapia de los Trastornos de la Alimentación y por Estrés de origen diverso. Atiende: - En Clínica Marazuela. Avd. Extremadura, 5. Tlf. 925 815 281 - Con dedicación a la persona y en rigurosa confidencialidad a través del teléfono 925 81 52 81. También via email: info@telepsicologia.es