Historia

El día que el Puente Viejo de Talavera cedió: el hundimiento que obligó a cruzar el Tajo en barcos

El episodio del 1 de enero de 1720 recuerda la fragilidad de una infraestructura clave cuando solo existía el Puente Viejo para cruzar el Tajo.

El 1 de enero de 1720, en Talavera de la Reina, una jornada que comenzó como una salida habitual acabó convirtiéndose en un episodio de riesgo y urgencia. Tras salir a pasear al otro lado del río Tajo numerosas familias y una yeguada, se produjo un hecho inesperado: se hundió uno de los arcos del puente.

En aquel momento, la ciudad contaba con una circunstancia determinante para entender la gravedad de lo ocurrido: solo existía un puente para cruzar el río, el que hoy se conoce como Puente Viejo. La caída de uno de sus arcos no fue, por tanto, un contratiempo menor, sino un corte directo en el principal —y único— paso disponible.

Dos barcos para regresar: la solución improvisada para cruzar el río

Con el arco hundido y el paso interrumpido, la prioridad inmediata fue facilitar el regreso de quienes habían quedado al otro lado del Tajo. La solución que se adoptó fue clara y práctica: fue necesario poner dos barcos para que la gente pudiera volver a cruzar el río y regresar a sus casas.

El episodio deja entrever, sin necesidad de añadir cifras ni estimaciones, un escenario de dependencia total del paso y de necesidad de respuesta rápida. En una ciudad donde el puente era el punto de conexión indispensable, el uso de embarcaciones se convirtió en la alternativa para recuperar la movilidad básica en un día señalado del calendario.

Un puente con un historial de daños repetidos

El hundimiento del 1 de enero de 1720 no se recuerda únicamente por la incidencia puntual, sino también por lo que sugiere sobre la trayectoria del propio monumento. El Puente Viejo aparece ligado, en el relato local, a una circunstancia llamativa: ha sufrido roturas y destrucciones con demasiada frecuencia.

La reiteración de daños, mencionada como un rasgo “curioso” por quienes transmiten este tipo de episodios históricos, aporta una lectura significativa: la infraestructura no solo fue esencial por ser el único paso, sino también por la atención constante que exigía su estado y su resistencia ante los incidentes que, con el tiempo, han afectado a su integridad.

Un hecho que permanece en la memoria de Talavera

La escena de aquel día —familias, una yeguada y la necesidad de cruzar en barcos— se mantiene como un recuerdo destacado cuando se habla del Puente Viejo de Talavera. No por su espectacularidad, sino por la claridad con la que ilustra un hecho básico: cuando una ciudad cuenta con un único paso sobre un río, cualquier rotura altera de inmediato la vida cotidiana.

Este suceso del Puente Viejo de Talavera en 1720 resume, en pocas líneas, la importancia histórica de la conexión sobre el Tajo y la vulnerabilidad que puede asociarse a una infraestructura fundamental cuando sufre un fallo estructural.

David Fernández

Por David Fernández García. Licenciado en Geografía e Historia. Amante de Talavera y de sus raíces. Promotor Turístico.

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