Autoestima y compulsividad

Estimado lector, ¿frustra o entristece en exceso la idea de no tener el reconocimiento debido? ¿Has llegado a creer que eres menos digno de aprecio que los demás?

Hay dos aspectos personales que cuando se unen pueden explicar mejor y ofrecen soluciones operativas ante lo que está ocurriendo; el aprecio que se tiene uno mismo (amor propio, confianza, pericia, suficiencia, etc.), y el respeto o estimación que se recibe de otras personas (reconocimiento, aceptación, etc.).

La Autoestima, por una parte, entendida como la percepción evaluativa de nosotros mismos, puede estar deformada por diferentes razones: acusada exigencia cultural de humildad vs. narcisismo (Religión), educacionales (inhibición por pánico al error), pérdidas asociadas a la culpa (atribuidas por error a causas personales invariables), etc; pero la razón fundamental (o síntesis de todo lo anterior) se expresa en la Autoexigencia, la búsqueda compulsiva de perfección, el dicotómico “o lo resuelvo a la primera y de forma brillante, o soy un completo fracaso”. La rigurosidad interna, las ideas imperativas que obligan al éxito personal, social, profesional y sentimental, o los rituales compulsivos que buscan la seguridad en la perfección son rituales que refuerzan de forma sostenible una evaluación negativa de nosotros mismos. Truco: reflexiona acerca de “La perfección es sólo una idea a la que aproximarse y ya hace tiempo que se demostró que no se puede agradar a todo el mundo” En cuanto a la estima y respeto por parte de otras personas, ¿cómo gestionas los elogios cuando los recibes? ¿cómo te sientes cuando te están alabando? La gestión del elogio, cuando es recibido, es una parte importante de la Autoestima. Rechazar o devolver precipitadamente el mismo genera un balance negativo: asumimos la crítica propia y ajena (o nos seduce sólo la novedad) sin aceptar valoraciones positivas de nuestra conducta habitual, igual a, depresión por indefensión. Esto es, si trato con confianza fraternal a las “malas o nuevas visitas” a mi casa y, al mismo tiempo, desprecio a las “buenas y amables”, me sentiré con el tiempo amenazado/a en mi propia casa.

El procedimiento para resolver lo anterior es sencillo: ante un elogio podemos actualmente sentir multitud de emociones pero sería preferible elegir expresar a nuestro interlocutor sólo las positivas, y a continuación mostrar una reciprocidad congruente, desde la más básica (“gracias por…”) hasta la más elaborada (siempre proporcional) como la de tratar de seguir agradando con conductas cada vez más generosas (“si te gustó como hice el arroz con leche, te va a encantar el pastel de manzana”).

La combinación de ambos recursos aportarán el incremento en Autoestima que mereces, para alcanzar el bienestar que proporciona la aceptación incondicional de ti mismo/a y el reconocimiento de los demás. Evita despreciar a quien te elogia, aunque seas tú mismo/a.

 

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Por Jose Antonio Gonzalez Porras. Psicólogo Especialista en Psicoterapia de los Trastornos de la Alimentación y por Estrés de origen diverso. Atiende: - En Clínica Marazuela. Avd. Extremadura, 5. Tlf. 925 815 281 - Con dedicación a la persona y en rigurosa confidencialidad a través del teléfono 925 81 52 81. También via email: info@telepsicologia.es