En la noche del 21 de octubre de 1897 se expuso en el Teatro Calderón, por vez primera en Talavera de la Reina, el cinematógrafo Lumière. Muchas fueron las reacciones de los talaveranos al ver aquellas “fotografías que tomaban movimiento”, pero sin duda fue todo un acontecimiento digno de pasar a los anales de la Historia.
Esa noche, la ciudad vivió algo que nadie había visto antes. El Teatro Calderón se llenó de luces de gas, de carruajes deteniéndose en la puerta y de un público expectante que no imaginaba lo que estaba a punto de suceder. Hombres con sombrero de copa, mujeres con vestidos de seda y niños curiosos se acomodaron en las butacas de madera, sin saber que en unos minutos sus vidas cambiarían para siempre.
De pronto, el murmullo cesó. Los engranajes del Cinematógrafo Lumière comenzaron a girar y un haz de luz atravesó la sala envuelta en humo. En la pantalla improvisada apareció un tren que avanzaba a toda velocidad , obreros saliendo de una fábrica, escenas de la vida real… pero en movimiento. ¡Las fotografías habían cobrado vida!
Las reacciones fueron inolvidables: algunos se levantaron asustados, otros aplaudieron con fuerza, muchos lloraron emocionados al ver imágenes que parecían mágicas. En aquel instante, en una pequeña ciudad como Talavera, nacía la magia del cine.
Lo que ocurrió aquella noche quedó grabado en la memoria colectiva. Fue más que un espectáculo: fue un salto al futuro, un momento en el que la tecnología y la emoción se unieron para demostrar que el arte podía capturar la vida misma.
Hoy, más de un siglo después, recordamos con orgullo que el cine en Talavera de la Reina comenzó en 1897, en una sala abarrotada de sueños y de asombro.
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