En la Talavera de la Reina de los años setenta, algunos anuncios publicados en la prensa local se quedaron grabados en la memoria de muchos vecinos por su tono cercano y popular. Uno de ellos decía con simpatía: “Agua de Zarquillos para mayores y chiquillos”, una frase que reflejaba tanto el carácter familiar del mensaje como la estima que se tenía por este manantial.
Este pequeño eslogan hacía referencia al manantial de Zarquillos, un lugar conocido por la calidad de sus aguas y por su uso habitual por parte de vecinos que acudían a recogerlas o a beneficiarse de sus propiedades.
El manantial de Zarquillos en El Chaparral
El manantial estaba situado en el paraje conocido como “El Chaparral”, un entorno natural donde brotaba esta agua que gozaba de gran prestigio en la zona. Las aguas de Zarquillos eran consideradas especialmente valiosas por sus características, ya que se trataba de aguas azules medicinales, muy apreciadas por quienes creían en sus beneficios.
Durante aquellos años, este tipo de manantiales y fuentes naturales eran lugares frecuentados por la población local. No solo se valoraban por su agua, sino también por el carácter casi tradicional que tenían dentro de la vida cotidiana de la ciudad.
El anuncio que aparecía en la prensa local reflejaba perfectamente esa relación cercana entre el manantial y la población. Su frase sencilla y directa —“para mayores y chiquillos”— mostraba cómo el agua de Zarquillos era conocida y utilizada por personas de todas las edades.
La finca y su propietario
La finca donde se encontraba el manantial pertenecía a Antonio García, conocido popularmente con el apodo de “El Largo”. En aquella propiedad se desarrollaban las actividades relacionadas con el manantial y el mantenimiento del lugar.
Dentro de la finca trabajaba Pedro Retana, quien estaba empleado en estas instalaciones y desempeñaba labores relacionadas con el cuidado del entorno y de los pozos existentes en la propiedad.
Un trágico suceso en la finca
La historia del lugar también quedó marcada por un suceso trágico. Pedro Retana falleció ahogado al caer en uno de los pozos de la finca, un accidente que conmocionó a quienes conocían el lugar y a quienes trabajaban allí.
Este hecho forma parte de la memoria vinculada a este manantial y recuerda las condiciones en las que se desarrollaban muchas de las actividades en entornos rurales o de campo en aquella época.
Un recuerdo de la Talavera de otra época
Hoy, el recuerdo del manantial de Zarquillos y de aquel anuncio que hablaba de su agua “para mayores y chiquillos” forma parte de la memoria histórica y cotidiana de Talavera.
Este tipo de pequeños testimonios, aparecidos en la prensa local o transmitidos por tradición oral, ayudan a reconstruir la vida diaria, los lugares y las costumbres de la ciudad en décadas pasadas.
Historias como la del agua de Zarquillos nos permiten comprender mejor cómo los espacios naturales, los manantiales y las fincas cercanas formaban parte de la vida de los talaveranos, dejando huellas que todavía hoy forman parte del recuerdo colectivo.




