El edificio Tresku forma parte del paisaje urbano de Talavera de la Reina y de su memoria reciente, aunque su trayectoria está marcada por la incertidumbre desde sus propios orígenes. El inmueble se proyectó en 1952 y se finalizó en 1959, en un periodo en el que muchas ciudades españolas buscaban consolidar espacios de actividad económica y social mediante nuevas construcciones.
El responsable de su diseño fue D. César Casado de Pablos, arquitecto al que se atribuye también la firma de otros edificios emblemáticos de Talavera. Ese dato sitúa el Tresku dentro de una etapa arquitectónica significativa para la ciudad, asociada a profesionales que dejaron una huella reconocible en la fisonomía local.
La idea inicial: un centro comercial que no llegó a serlo
En su planteamiento original, el edificio fue creado con un propósito claro: funcionar como centro comercial. Sin embargo, ese objetivo quedó truncado antes de consolidarse. Según el relato asociado a su historia, alguien dio aviso de que existían fallos en la estructura del inmueble, un aviso que terminó condicionando su futuro inmediato.
A partir de ese momento, el Tresku quedó abandonado en gran parte, sin que se materializara el uso para el que se había concebido. La situación generó una pregunta que ha acompañado al edificio durante décadas: si el problema era real o si, por el contrario, nunca llegó a confirmarse de manera concluyente.
La cafetería Tresku, el único espacio que abrió sus puertas
Pese a la paralización del proyecto comercial, el edificio sí tuvo un punto de vida y actividad: la parte baja. Allí se inauguró la cafetería Tresku, que terminó convirtiéndose en el elemento más recordado de todo el conjunto. Su nombre tenía un origen particular: se debía a que el establecimiento era propiedad de tres cuñados, un detalle que contribuyó a fijar la denominación en la memoria popular.
La cafetería comenzó su andadura en 1964 y permaneció abierta hasta bien entrados los años 90, siendo durante ese tiempo el espacio que, de facto, mantuvo un vínculo cotidiano entre el edificio y la ciudad. Mientras el resto del inmueble no desarrollaba la actividad prevista, el local se convirtió en la referencia funcional asociada al Tresku.
Dudas sobre la estructura y deterioro por el abandono
Con el paso del tiempo, la incertidumbre inicial sobre la estructura nunca llegó a disiparse por completo. Nunca se sabrá realmente si el edificio presentaba problemas estructurales desde el comienzo o si aquel aviso fue suficiente para frenar el impulso del proyecto sin una constatación definitiva.
Lo que sí resulta evidente en la actualidad es el efecto del abandono continuado. La falta de uso y mantenimiento ha provocado un deterioro progresivo del inmueble, una situación que, en casos similares, suele traducirse en daños acumulativos difíciles de revertir si no se actúa a tiempo.
En este contexto, ha llegado a hablarse de una posible demolición, una opción que, sin concretar, refleja el nivel de preocupación generado por el estado del edificio. Mientras persisten las dudas sobre el origen de sus supuestos problemas, el Tresku se encuentra hoy en el centro de un debate marcado por su degradación y por la incógnita de qué camino seguirá en los próximos años.




