El “Postiguillo” —también citado como Postigo de Rodrigo Niño— era una pequeña puerta del segundo recinto amurallado de Talavera de la Reina. No era una gran puerta monumental, sino un acceso secundario que aliviaba el tránsito entre calles y servía de paso rápido en una ciudad aún marcada por sus defensas medievales.
1880: ruina y riesgo para los vecinos
En 1880 el Postiguillo fue demolido. Los informes municipales lo consideraron en estado de ruina, con escombros que llegaban a perjudicar a la casa colindante. Más allá de la pérdida patrimonial, pesó la seguridad: la estructura dañada amenazaba con desprendimientos y hacía inviable su mantenimiento con los recursos del momento.
Urbanismo práctico: abrir la calle y ganar una plazuela
La decisión no se quedó en tirar la puerta; el Ayuntamiento rogó que no se reconstruyera y que, en su lugar, se ampliara la calle “en forma de plazuela”. Esta operación respondía a una tendencia decimonónica: ensanchar, ventilar y alinear calles para mejorar higiene, circulación y luz. En barrios de traza antigua, ganar un ensanche suponía también facilitar el paso de carros y servicios.
Seguridad ciudadana: adiós a la “rinconada”
Un argumento clave fue evitar rincones ciegos. El propio expediente advertía que, si se mantenía el postigo, en la rinconada que quedara podrían ocultarse malhechores. La policía urbana del XIX insistía en eliminar recovecos donde se dificultaba la vigilancia. La nueva plazuela prometía visibilidad, tránsito continuo y prevención del delito.
Patrimonio vs. funcionalidad: un dilema de época
La desaparición del Postiguillo refleja el dilema entre conservar restos de muralla y adaptar la ciudad a las necesidades modernas. A falta de una política patrimonial sólida, muchas estructuras “menores” fueron sacrificadas en nombre de la salubridad y la seguridad. Paradójicamente, esas pequeñas puertas contaban mucho de la historia urbana: escalas, ritmos, recorridos.
Memoria de una puerta que ya no existe
Hoy el Postiguillo no se ve, pero pervive en la toponimia y en los archivos. Su historia ayuda a leer el mapa: donde hubo un vano de muralla, apareció una plazuela, y con ella una forma distinta de vivir la calle. Recordarlo es reconocer que la ciudad es, también, la suma de lo que se perdió para construir lo que somos.




